miércoles, 18 de agosto de 2010

Linda Historia

Recuerdo mi infancia, cuando me sentía segura, cuando era pequeña y sentía la protección en el mundo, en mi hogar, en la calle, en la escuela.
Los días eran una sorpresa la mayoría del tiempo, era difícil no sorprenderse con tanta maravilla alrededor de uno.
Todo se reducía a pequeños momentos de felicidad, unidad familiar, regalos, viajes, momentos agradables en general.
Ahora siento como pasan los días, lentos, eternos y solitarios. Los observo desde mi trono de reina portátil, uso mis manos para trasladarme en una silla de ruedas.
Si hubiera sabido como era la vida a estas alturas, hubiera preferido morir hace 20 años atrás, cuando la vida no tenía sentido todo el tiempo, te ocupabas de solucionar algunos problemas cotianos y disfrutar del momento.
Si tan sólo alguien se diera cuenta del valor de mis años, quizá no estaría tan sola en estos momentos.
Pero nada de esto tiene importancia para los demás, porque nunca nací realmente, nunca estuve ni aquí ni allá, mi existencia fue completamente una ilusión, una estrella que nunca encendió su foco.
Desaparezco con el tiempo, lento, eterno y lleno de soledad. Nadie nota como me voy volviendo pequeña otra vez.
Y quizá mañana volveré, pero con un nuevo rostro, y recorreré las mismas calles que vi en mis sueños, volveré a nacer aunque deba sentir nuevamente el dolor de crecer...

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